Se había hecho tarde y P estaba maldiciendo cielo y tierra. El cielo se veía poco desde la oficina pero en la muestra gratis que nos tocaba aparecía un poco nublado.
- Dale, largá todo, mirá la hora que es, el lunes será otro día, yo ya me voy. Te alcanzo?
- Bueno dale, me voy con vos, vas para tu casa? -me dijo.
- Ah, que si fácil tenías, ya me había olvidado.-Ironicé.
- Que boludo...- dejo escapar. De verdad te habias olvidado? -me preguntó.
- No bombona, te jodía, de lo bueno no te olvidás nunca y eso fue excelente. -le dije.
- Ah, - tiró.

Caminamos hasta el auto. El calor era insoportable, el microcentro era un gran microondas, el calor llegaba de arriba, del piso y de las paredes por los equipos de aire acondicionado. Humedad a pleno, de esos días que cuando cruzás la calle sentís que te hundís en un lodo pegajoso.

- La solución sería que llueva -me dijo. A mis plantitas le vendría bien tienen que recuperarse.
- A mi también me vendría bien -le dije. Tendríamos que revivir esas epocas, vos estas mas fuerte ahora que antes.
- Mirá si te pudiera decir lo mismo, lo revivíamos hoy. - me dijo.
- Que hija de puta linda que sos.-dije sonriendo. Igual no te hagas ilusiones que hoy no puedo.
- Era una joda, tengo cositas para hacer.- comentó. Para donde estas yendo?
- Yo tambien tengo mis cositas, no voy para mi casa hoy.
- Te vas a tramposear por ahí hijo de puta, tenés el bolso con la ropa de fútbol en el asiento de atrás.
- Que perceptiva que estas!!! Queres venir? Me toca a mí conseguir la chica.
- Que pelotudo, me ofendes, dejame acá. -teatralizó ofenderse, enojarse y querer bajar del auto.
- No te jodo..., solo por hoy..., hacés buena guita, cumplís esa fantasía que tenés..., chicos lindos, jóvenes, buena onda, ambiente relajado.
- Sabes que llegaste un tanto tarde con lo de la fantasía, no?
- Hija de puta no perdes el tiempo, eh.
- No, estaba pensando en esperarte a vos.- me dijo.
- Bue...no tenes onda, hasta donde vas? Dale que no llego.
- No me apures, que estoy complicada con la plata! - me dijo a las carcajadas.

Frené el auto, el tema empezaba a ponerse serio. Se estaba nublando completamente, pero el calor no cesaba. P era una preciosura de pelo castaño, con una cola que parecía esculpida en marmol, siempre bronceada, y con una tetas perfectas por forma y tamaño, de las que entran en la palma de una mano y no sobran. Guarra con la gente que tenía confianza, en el más amplio sentido de la palabra guarra, pero sin hacer apología de eso. Para el que no la conocía, o mejor dicho con quién ella quería, se mostraba inalcanzable y podía pasar por agria. Desprejuiciada. Siempre con una risa a cuestas y contestataria empedernida. Jugar con ella era jugar con fuego, literalmente. Hacía mucho tiempo que nos conocíamos del laburo, en una época habíamos tenido sexo, antes de su actual pareja, lo mantuvimos un tiempo y después por cosas de la vida se fue haciendo cada vez mas esporádico, hacía mucho que no salíamos, pero quedó siempre la química en las charlas y en la piel.

- Tiene que llover- dije. Dale, te copás? somos tres, vos no conoces a ninguno... a alguno por foto quizás, podrías ser perfectamente la chica que tuve que conseguir. Si te lo propongo es porque se no va a haber bardo y somos todos tranqui no queremos quilombo.
- Si se levanta un poco de viento llueve. Y como son?- me dijo.
- Que se yo! normales, con Diego cursamos el C.B.C hace mil años y quedamos amigos y German de la vida, desde que eramos chicos. Si queres te hago un perfil psicofisico de cada uno y en seis o siete horas los tenés a todos con lujo de detalle.
- Dale boludo...-se sonrió. La idea me calienta, hoy iba a que salir con unas minas del gimnasio pero va a ser un embole mal.
- Si te preocupa lo estético, quedate tranquila Germán es un hincha pelota del gimnasio y Diego juega al rugby. Creo que el mas arruinado soy yo y mirá lo que soy! un bombón...no tengo desperdicio.-le comenté sonriendo.
- Quién sea que te miente te hace daño, lo sabes.- me dijo. Además, no es por lo estético, es para ir haciendome la idea, me calienta mas saber que me voy a coger a dos tipos que no sé como son. Sólo por plata.
- Y por que te gusta.- le dije. Dale, vení con nosotros que te vamos a cuidar y la vas a pasar bien. Mirá vamos temprano, ves a los chicos, el clima que se genera, si no te gusta algo te vas, y yo voy a buscar una chica, no hay problema. Si te gusta la onda que hay, me pedís un vaso de agua fría, con eso yo ya se que te quedás y vamos encaminando el tema. Te parece?
- ...bueno, dale.
- Vamos. - Esperá a ver que ropa traje? -me dijo, mientras revisaba el bolso. Hacé una cosa, andá hasta el kiosco ése y comprate un par Coronas.
- Voy.

Nacían las primeras luces de la ciudad. Cuando volví se había cambiado de ropa en el auto tenía una mini de jean azul, una remerita sin mangas blanca muy generosa de escote, una vincha también blanca tipo sixtie, y unas zandalias de yute altas.

- Hija de puta, me vas a matar.
- Si papito, de eso no hay dudas- dijo con una sonrisa mientras se pintaba los labios. Me sale bien el vocabulario?
- Sacale el papito y sos la mujer ideal. Mirá que no ibamos a llevar un traba de Camino Negro, sino un alto gato, una chica fina.
- Si, lo sé, lo de la mujer ideal.-me aclaro.

Puse en marcha el auto.

- Donde es?
- En Belgrano en el depto de German.
- Despues me llevas a mi casa.
- No bebé, te damos la plata para el taxi.
- No me digas bebé que no soy un traba de Camino Negro, y no seas grasa, despues llevame a mi casa.
- Siempre ganas? Bueno te llevo dale.
- Me los bancaré a los tres?
- No es cuestión de bancanrnos, la tenés que pasar bien, si no te gusta algo me decís y listo. Antes de comer vamos a hacer una vueltita, seguro, yo te voy a avanzar un poquito y despues se van a ir enganchando los demas.

Llegamos. Estacionamos, se estaba levantando una leve brisa. El departamento era amplio con algunos cuadros a la luz de unas dicroicas en una leve oscuridad, solo iluminado lo necesario. Mantas prolijamente desacomodadas sobre sillones. Completaba la escena Miles Davis de fondo casi imperceptible. Germán hacía zapping con la tele sin volumen, recostado en un sofá. Diego ojeaba una revista en el minibar. Hubo una simple presentación formal, sin muchas preguntas. German se incorporó, acerco unos nachos, palta y tomatitos cherrys con oliva y sal y unos porrones helados.

- Sentate, ponete comoda.- le dijo a P.
- Gracias, antes que nada muero por vaso de agua fria.
- No te mueras por favor, ya te lo traigo. -dijo German.

Me relajé, me sonreí. P fue al baño. Comimos, salieron temas absolutamente triviales y de los otros, sin apuro llegamos a las frutas, fuimos tomando algo, le ofrecí algo del bar a P, ella se acercó, pidió un espumante. Una cortina delataba que el viento era cada vez mas fuerte. Empezó a juguetear con sus dedos en la bebida y a llevarlos a mi boca. Acepté, empezamos a hacernos mimos tiernos primero, casi de novios. Fui acariciando sus muslos bronceados hasta llegar a su lencería. Solo nos separaba la ropa, nuestras lenguas bailaban entrelazadas. La de Diego recorría su cuello abriéndose paso a través de su cabello. Empece a rozar su casi imperceptible terciopelo púbico, metiendo una mano entre su cintura y la pollerita, despues bajó por mi pecho desabrochando mi camisa, se sumó Germán empezamos a rodearla. Llegó a mi sexo lo besó, lo acarició, me hizo pucherito con sus labios. Lo lamió con fruición. Empezó a masturbar a Diego que estaba apoyado en un taburete al lado mío, mientras me miraba. Se pasó a él. Se la pasó por los labios, la olió despacio, la disfrutó. Se arrodilló en la alfombra frente a nosotros. Germán se tocaba en silencio, más distante, ella lo percibió. Fué hasta él gateando y le dió un beso interminable, al tiempo que le agarraba el pene con autoridad y a la vez con dulzura. Nos fuimos desvistiendo. Volvió hacia los taburetes donde estabamos Diego y yo, quedó entre nosotros. Ahora lo besó a Diego y mientras apoyaba la cola en mi sexo y lo pavoneaba. Le acaricié la cintura. Fui bajando, le levanté la pollerita y una tanga preciosa que no cubría su piel me dió la bienvenida, apoyé mi mano en su cola y la llevé hacia su vagina, moví circularmente mis dedos apoyados en sus labios, ella seguía masturbando y chupándosela alternadamente a Diego y a German. Le lamí las piernas y los cachetes de su cola, separé sus labios y vi la parte mas rosada y la húmeda de su cuerpo. Interné mi lengua ahi, creyendo que iba a ser para siempre. Veía como su espalda se arqueaba. El resto fue un cúmulo de sexo. Un par de manos transformó su vincha en una venda para los ojos. P no se negó, sonrió complice. A partir de ahí un racimo de manos la desvistió. Lenguas bañaron su piel. Apoyó una rodilla en un taburete y me metí en su cuerpo, corriéndole la diminuta tanga. Después quedó arrodillada en el piso, recibió nuestras ofrendas. La rociamos en aceite, vino y frutas, seguía sin ver, dando y recibiendo placer. Me robó una rebanada de melón, lo lamió, se lo llevo a su vulva, jugo con sus jugos, y lo volvió a lamer. Nos detuvimos aplicadamente en cada parte de su cuerpo. Nunca nego sus labios, nunca negó sus manos, ni su sexo, ni su cola. Sabía que cuando se llevara sus manos al cuello iba a estar cerca. Fuí debajo suyo, apreté fuerte su cintura, una pija a punto de estallar le dió unos golpecitos en su cola, una mano sometió su cabellos. En su cintura brilló un hilo de semen, lo juntó con los dedos y se lo llevo a la boca. Quedó quieta, detuvo sus movimientos, movió sus brazos como frenando algo, tuvo unos espasmos y su espalda dibujó un arco. Fueron unos segundos. Volvió, chupó la pija que tenía más a mano. Me incorporé, me masturbó, me la chupó a mi también. Dijo: Quiero, quiero, quiero. Y lo tuvo. Su boca abierta, su lengua afuera esperaban. Hubo dos refusilos que se reflejaron en su cara. Llegó una lluvia esas de gotas gruesas, densa y caliente. Y su cara fue una sonrisa de puta fresca. El resto fue comer, beber, volver a jugar y reincidir. La alcancé hasta su casa, nos despedimos con un beso de lo mas húmedo e intenso. No sabemos si sus plantitas se habrán recuperado.
Eterno agradecimiento a La Princesa Culona que corporizó esta historia y desde su lugar alimenta desde ratones hasta Tyrannosaurus Rex.

Deuda en Buenos Aires




Ya habíamos tenido un par de cruces, fugaces, pero perceptivos, habías anotado mi número cuando te lo dejé con un clip en la carpeta que llevabas con el logo de la empresa donde trabajas. Habías sonreido al tiempo que cancelabas tus ojos con una caida de parpados, ante alguna insinuaciòn casual. Y no te acomodaste la la camisa cuando deje que me vieras escarbando con la vista entre ese botón caprichoso y tu piel. Pasó el tiempo y no me llamaste, llegue sudar en soledad mecánicamente como un adolescente, pensando en tus labios. No se porque (o si se por que) me anclé en tus labios. Una tarde mi pie trabo la puerta y no pudiste evitar que entre, la cartera y tus cosas cayeron al piso, justo cuando tus tetas empezaban a apretarse contra la pared. La palma de mi mano recorrió por encima tu pollera del trajecito clásico y moderno gris perla de Zara y desaforadamente levantó la camisa para tocar tu piel. Con la otra mano agarraba un mechón de tu pelo y lo arremolinaba a la altura de tu nuca. Mi boca recorrió de cerca tu cuello y tu mejilla derecha. Forcejeando pude sacarte el saco, me llamaba la atención que intentabas defenderte con tus brazos pero no gritabas, me insultabas pero en un tono que no llegaba a ser alto, en el sofá quedaste boca abajo, te quité la pollera, las ligas y con éstas ate las manos en tu espalda. Tenìas la cara apoyada en un almohadon, la camisa abierta, sin los botones y corrida a la altura de tus codos. Podía ver los breteles de tu Caro Cuore. El pelo revuelto tapaba algo de tu cara, y se movía con tu respiración. Acerqué una silla, me senté, desbroché los botones de mi jean y tranquilamente empecé a masturbarme muy cerca de tu cara, te daba dulces golpecitos con mi pija.

Sabés lo que pasa? dije. Como tu novio no me paga lo que me debe, pensé, me garcho a su chica, bien garchada y mano a mano hemos quedado.
Arreglalo con él no seas hijo de puta.- me dijiste.
No soy hijo de puta, no le voy a hacer juicio tampoco!! No es para tanto, te voy a cojer un poquito nada mas.

Tus rodillas estaban flexionadas, apoyadas en otro almohadón levantando tu cola y tu sexo llamaba sexo. Mientras me tocaba, mis dedos bailaban en tu incipiente humedad, por debajo de tu tanga. Apoyé mi pie derecho al lado de tu cabeza y en el almohadon, y la palma de mi mano derecha en tu nalga izquierda, babee deliberadamente tu cola, al tiempo que con mi pija rozaba tus brazos desnudos, tu espalda y tu camisa enredada en tus manos atadas. Mis dedos dilataban tu ano, que ya estaba humedo por mi saliva. Golpearon secamente la puerta, fui a abrir, entro, casi no hablamos. Antes que yo me pare detras tuyo, el ya estaba manoseandose en la silla. Te la puso en la boca y la aceptaste, eso me excitó sobremanera. Me posé detras tuyo, y te cogí corriendote la bombacha. Insinuaste un gemido, cuando mi dedo pulgar entraba en vos ajustado en tu piel. Saqué mi dedo y parecía que tu cola latía, estaba preciosa, puse la puntita y ví como tus dedos se estremecían. Entro firme y me dedicaste una puteada. Al momento que yo te cogia, él te abria la cola con las manos y no ocultaste una sonrisa, de puta linda. Sin soltarte las manos el seguía metiendo su pija en tu boca. Yo tenía que sacarla y mirar por la ventana, un tipo para un taxi, no importa. Vuelvo a vos, ahora sentís la porosidad de mi lengua recorriendo tus piernas primero, tu cola despues y tu sexo otra vez. Jugué y jugaste, labios contra labios, lengua y clitoris. Clítoris y lengua. Apoyé mi pene en tus labios, los separé casi groseramente, entró, despacio. Salió igual. Cambiamos con él, volvimos a cambiar. Estuvimos un rato, 1 minuto? 20? 100? medimos el tiempo en intensidad. Elegí acabar mientras te hacia la cola, (era parte del trato) murió adentro, toda. El semen salio de tu ano, corrió y se deslizó a tu vulva, siguió cayendo y un hilo quedo suspendido en el aire. Era el turno de él, se paró donde estaba yo y te la puso entera abriendo tus labios con una mano y con la otra dandote chirlos, tu cola todavía supuraba mi leche. Te embistió un par de veces, la sacó, te golpeó la cola con su verga, la volvió a meter. Cuando la sacó, se pajeó dos veces y el primer chorro, cayo en en tu cola, el segundo cruzo tus manos, hasta tu camisa, él seguia eyaculando, mientras vos mirabas de reojo entre espasmos. Tus piernas quedaron extendidas y zurcadas de semen. Antes de irnos, desatamos tus manos. Ya no me debían dinero.
Gracias Lila por coparte! Beso Rufian.